sábado, 15 de febrero de 2014

Jorge Eduardo Argüello. Por Fanor Tellez


Estimado Jorge Eduardo Argüello: ex católico, simpatizante budista Zen, ex mílite del no creyente cristiano Bertrand Russell, antifacista, antidialéctico marxista, Nietzcheano a veces por coincidencia, ácrata, anarquista reprimido, terrorista erótico verbal, antimuslim por consanguinidad hebrea, fanático peligroso de la imaginación, fugitivo en estado de pánico del modernismo, en enemistad con la vanguardia, la postvanguardia y sus seguidores, beat a su manera, roussoniano, corruptor de jóvenes mozas que quieren ser corrompidas, cervecero y ex marihuanero, motociclista solitario, víctima de sus alucinaciones, ex millonario, ex abogado, ex cadete, casi algodonero, conversador simpatiquísimo, estrangulador de sus libros de notas, factor de riesgo para la juventud, enemigo de la Gramática desde Nebrija a Bello incluyendo a la Real Academia de nuestros día, lector asperevolveresco, ex esposo, polígamo, piripipí, desollador de su memoria, triste de vez en cuando, en actividad poética literaria siempre, refractario a los grupos, rebelde a los pater y master, en estado de kinder garten y de aprendizaje permanente, asustadizo, a la defensiva de sus amigos y de sus enemigos, a veces parece arrogante pero es más sencillo de lo que parece, con el aspecto desamparado de quien ha sido destituido de algo, que se consuela con la construcción imaginaria de sí mismo a las doce meridiano, sentimental, llorón, enfermizo, hipocondríaco, moto el día entero, el romanticismo le llama la atención y el simbolismo algo, no puede planificar su vida como hacen los famosos porque sabe que es exagerado y no le importa, le cae mal la adoración a los genios y el culto a los falsos genios, entiende a los más débiles porque él se considera uno de ellos, y esta retahíla podría llenar muchos pliegos y lo único que quiero es desearte, amigo Bertrand F Morgan un año 2014 muy productivo, grato y propicio para tu persona en retiro momentáneo, en ese búnker llamado soledad, que vos solés derribar a cada rato para entrar en el bullicio de la vida humana común y silvestre, áspera y también exultante como el olor de las muchachas.

El autor es poeta nicaragüense.