lunes, 19 de agosto de 2013

Primeras impresiones (de un poema de Jorge Eduardo Arguello recibido por e-amil). Por José Luis Pereira.

Me gusta este poema, por lo que revela y oculta al mismo tiempo.

El título es genial y funciona como pieza clave del poema. Voy a explicarme: La voz poética se consagra al pesar que le provoca la situación del sapo, y en ello reside LA MORAL; en la tristeza y la compasión de la voz poética. Ambos sentimientos -(tristeza, compasión) entre otros- que vistos a trasluz de Nietzsche, son el basamento de nuestra estructura mental; deforman la realidad natural de la condición humana.

Sobre esos sentimientos hemos erigido dioses que artifician nuestra humanidad. El punto es que, llega a ser más importante para nosotros, el sentimiento de compasión, que el objeto o sujeto que la recibe. En consecuencia, necesitamos mantener viva la tragedia del entorno, para alimentar al dios de la compasión que llevamos dentro y que se entristece por los afectados de esa tragedia. Si no fuera así, en el mundo ya no habría guerras y hambrunas, entonces ¡qué sería de los "buenos" y su compasión? ¡Que sería de las tribus africanas que una vez enriquecidas con medios para sostener la producción de alimentos, la seguridad social y la paz; no tendrían en su alma la necesidad de ser compadecidos? "Thank you for the food" dicen los niños de un spot. Amén por los spot. Esto, es un PROBLEMA MORAL, en el que países enriquecidos y empobrecidos dependen por igual de la dialéctica de la compasión; porque de ella los primeros subsisten políticamente, y los segundos sobreviven corporal y espiritualmente. Dice tu poema:

"En ésta siguiente noche
Le daré migajas de pan.
Me deleita su canto.
Puede ser que se vaya
A otro jardín
O que lo maten".

La realidad está enunciada en el principio del poema. El sapo está sentenciado a muerte (Buscado por las autoridades/ Como invasor de Borneo) y su canto -como el cuento de Scheherazade - es la proclama de su tragedia, lo que posterga su muerte. El sapo de Borneo al igual que las jóvenes de Las mil y una noches, no ha venido por su voluntad a esta condición de "invasor", tal como las jovénes no llegaron por su voluntad a la condición de "amantes" del sutlán Shahariar. Ha sido la voluntad del poderoso la que ha reducido al objeto de su deseo, a la condición que le llevará a muerte. La historia que relata tu poema, a diferencia de Las mil y una noches, no salva al lector, no le da espacio para regodearse en su compasión; pues contrario al final feliz que sabemos le espera a Scheherazade, el sapo solo tiene un futuro incierto y con altas probabilidades de que su canto (cuento) solo deleite al poeta, pero no a las autoridades que le persiguen. Ellos no tendrán compasión. Actúan bajo la premisa científica que el invasor debe ser exterminado para salvar a las especies nativas y en beneficio del control biológico. Advierte la voz poética:
"Puede ser que se vaya
A otro jardín
O que lo maten".
Otro aspecto que me resulta interesante de notar en este poema, es la construcción cíclica de las emociones. Al inicio tiene un tono cotidiano y casi indiferente (Me levanto temprano / Ayer tañó en el jardín ...), luego asciende emocionalmente (Pobre sapo que culpa tiene...), y por último retorna a la primera sensación de indiferencia (Puede ser ... que lo maten).



Estas son mis primeras impresiones poetá.
Un fuerte abrazo,
José Luis Pereira.

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Date: Fri, 16 Aug 2013 18:29:57 -0400
Subject: Poema. Problema Moral. Saludes.
From: elpulpo40@gmail.com
To: pereiranicaragua@hotmail.com

Problema moral
Jorge Eduardo Argüello

Me levanto temprano
Ayer tañó en el jardín
Un sapo.
(Buscado por las autoridades
Como un invasor de Borneo)
Pobre sapo que culpa tiene
Lo raptaron de esas selvas
Y ahora lo persiguen.
En ésta siguiente noche
Le daré migajas de pan.
Me deleita su canto.
Puede ser que se vaya
A otro jardín
O que lo maten.
(Homestead, Fl
16 de agosto 2013.)

Pérdidas y desencuentros en “Los Naufragios del Desierto” de Zingonia Zingone (por Marcia Ondina Mantilla)

Marcia Ondina Mantilla en la presentación de "Los naufragios del desierto" - UCC León, VIII 2013

Obra que nosmuestra un mundo lleno de simbolismo, realidades paralelas que forman parte deuna sola realidad; el transcurso de la vida. El título de la obra “LosNaufragios del Desierto” evoca un estado de pérdidas y desencuentros.
Naufragiocomo símbolo de pérdidas y desierto como símbolo de espacio personificado; nosinvita a navegar junto a los personajes de la obra. El Desierto espacialmente adquierediversas dimensiones para cada personaje. Accedemos al ser a través de sus naufragios de origen diverso. El títulode la obra es  además evocativo; porqueapela a la memoria e infinidad de imágenes aparecen, para develarnos elsignificado de los enigmas presentados en forma trilógica en “EL ORACULO DE LAROSA”, “LAS CAMPANAS DE LA MEMORIA”  y“RIO ESCONDIDO”.
Laflexibilidad  de los géneros se apreciaclaramente, en esta especie de epopeya contemporánea donde la batalla libradapor sus personajes (consecuencia de su experiencia inmediata y entorno) formaparte de nuestra realidad. El adversario es uno o muchos con rostro diverso o indefinido. El triunfo y la derrota operaen el plano de las ideas, en la palabra;  resultando inevitable como en  toda guerra luchar para conservar la vida operderla. Los capítulos de cada parte, armonizan para completar la obra.
Estructuralmentecada una de las partes de  la trilogía esdividida por capítulos; delimitando el acceso a los episodios y sucesos de lanarración. Se establece entre los personajes cierta relación individual,  de carácter diverso (mítico, histórico,religioso, social);  consecuencia de un estadode conciencia, concepción de la vida y la muerte.
Cadaparte fue titulada en armonía con el título de la obra, debido a que Naufragiocomo símbolo de pérdida y el desierto como espacio,  se relaciona con la existencia; simbolizadaen la rosa, el  río y la memoria. En  el desarrollo de la obra apreciamos lacomplejidad de la existencia en la individualidad de cada personaje.
 
La noche,como símbolo de oscuridad,  el tiempocomo símbolo del trascurrir y  el dolor; estadoconsustancial a ciertas etapas de la existencia; operan de manera significativapara mostrarnos a Khalil, Soraya y Basim, gobernadores en determinado momentode su destino, dueños de su propia verdad; otras a merced de la tempestad (presa de sus temores) ceden a esta.

Laprimera parte titulada “EL ORACULO DE LA ROSA”,   nos muestraal ser lleno de contradicciones. Consciencia, espíritu y razón alternan para mostrarnosuna vida atormentada; su naufragio y  salvación. En el transcurso de la narración, la degradación del personaje esllevada a último término;  salvado en losúltimos versos de regreso a la razón.  Elyo poético alterna excepcionalmente su voz en esta parte, con el personaje,   seres espirituales y  la conciencia.

El titulo“El ORACULO DE  LA ROSA”, evoca  una sentencia.  Dictamen que noproviene precisamente de la magia o los dioses; sino de la vida encarnada en larosa,  apelando en primer término a  la imagen ofrecida por  Omar Khayyam en sus versos e  incluidos en el primer epígrafe que dice:

“¡Miraesa rosa, cómo su aire de reina asume!
Ellasonríe y dice: «Yo en esta tierra impero;
de mibolsa de seda el nudo se consume,
y vierteen los jardines la gracia del perfume»”

Seguidamenteaccedemos  a la concepción de laexistencia, dudas  y respuestas  ofrecidas por Khalil; debido a su estado  de consciencia, espíritu y razón.   En losprimeros versos, se alude al movimiento; recorrido realizado en estado deoscuridad que desemboca inevitablemente en desencuentros de naturaleza diversa.El sometimiento de este personaje a sus afirmaciones y negaciones, se ve en loscapítulos I, III, X, XI, XV. Su cuestionamiento respecto al génesis  y la muerte, se refleja en los capítulos IV,  XVI. El enigma nacimiento - muerte  respecto a los dioses  es resuelto; la ira tiene como origen latempestad y  la  danza de mujeres bellas apacigua la ira a lo cual se  alude en el capítulo V. La escisiónindividual, social o espiritual del personaje a lo largo de la narración  se desarrolla en los capítulos VI, VII, VIII,XII, XIV, XVII, para liberar al personaje en el capítulo XVIII; salvarlo de sumuerte irracional.

Observandoalgunos detalles podemos decir que el primer verso  es revelador; nos presenta “El principeKhalil” como un ser importante; para luego someterlo a desconstrucción y construcciónconstante. Ser superior  que destaca delresto; en los últimos tres versos del I capítulo pierde su condición, la rosa sucarácter simbólico de la existencia y el abrazo el significado. Se leen estosversos:

“Mira alos ojos vítreos del alba
y la rosaya no es rosa y él no es príncipe
y elabrazo ya no es”.

A partir del  II capítulo,el personaje recobra su calidad de príncipe, pero  restándole conocimiento de la existencia. La  esencia de la rosa le está vedada y el amor  es insuficiente para comprender los enigmas.  Camina en la margen  ignorando la amenaza del cambio que se operaen el transcurso. Sin embargo en el capítuloIII,  se produce una escisión delpersonaje individualmente y en su relación con otros;  pasa de príncipe negado y erigido en rey amendigo y de ahí  a un ser narcotizado.  Muda a la condición de un ser inútil, conoficio de bandido; héroe absurdo asumiéndose Sísifo.  Así que príncipe y entono riñenconstantemente;  como  observamos  en los versos siguientes:   

“PeroKhalil es un mendigo
y sucorona es de espinas,
de tallosde rosa entretejidos.
………………………..
Se sienteSísifo. La loma es alta.
Una vozsopla en el viento.
Élquisiera atraparla
pero seesfuma porque es aire,
no eshembra. Sísifo soporta
sumalvada libertad, sometido
a lasestrellas y sus designios;
la padecey se conduele de sí mismo.
Refugiala mente y sus razones
en unpuñito de hachís,
en laeternidad fugaz
del humosagrado.”

Igualmentevemos a Khalil en el capítulo XV, perdiendo su corona  y cediendo a la resignación.

Paz y  alteración se mediatizan por la razón y el espíritu.  Lo sacro, lo mágico, lo mundano convergen intentadodevelar el génesis  como se ve en elcapítulo IV en los versos siguientes:

“Enposición de loto, el príncipe anota
susdesasosiegos. Su pluma vibra
en elsolitario mediodía
y Khalilno sale de la cueva.”

Finalmentelos tres últimos versos revelan  negativamente el enigma del génesis:

“Adán nosupo. Khalil no sabe.
Indefensoy mudo, regresa a su niñez.
Pide elabrazo cálido de una madre”.

En elcapítulo V (coherente con el anterior), se añade un nuevo elemento;  la mujer como símbolo de existencia, misterio,objeto de belleza para dioses y elegidos con acceso al mundo superior. Presenciamosexistencia y muerte sujetas al capricho de los dioses;  simbolizada con la tempestad en  los siguientes versos.

“Latempestad nace de la ira de los dioses.
…………………………………
Latempestad muere en la dicha eterna.
…………………………………
y la irade los dioses se resuelve
en ladanza de las huríes.”

Laingenuidad  y la fortuna que rodea alpríncipe da paso a lo sobre natural; a consecuencia de esto se practica un modoparticular de vida como observamos  en el capítulo VI. Conscienciay destino son entregados a un estado de locura. La dicotomía entre lo mundano yespiritual, lo angelical y lo demoníaco, la verdad y la mentira, el premio y elcastigo,  la pureza y el pecado; conducena un estado de sublevación, luchas individuales y frustración del personaje,que no es dueño de su destino. 

En elcapítulo VII, la descomposición del personaje, las contradicciones de suconciencia, se trasladan a la palabra y de ahí una nueva dicotomía. El versocarece de fuerza, de  receptor; motivopara interrogar a su creador; aún cuando en el capítulo X  afirmar y negar lo divino vuelve a formarparte del enigma. Lo terrenal es afirmado, no hay nada de espiritual enKahalil.  El proceso de negación semantiene en el capítulo XI, aún cuando no se niega el deseo de la carne y elespíritu del personaje se transforme. En el IX capítulo, cualquier signo depresencia humana es borrado. Las cosas cobran vida y buscan auto representarse;los fantasmas se encargan del anuncio. Espectro y hombre se confunden. En el capítuloXIII,  con un verso se da espacio a lameditación del personaje, en el capítulo XIV, donde intenta acceder  a la verdad, usando como herramienta elespíritu, la razón no tiene cabida.

A horabien en el capítulo VIII las respuestas de Khalil, muestran desesperación.  La fatalidad adquiere protagonismo acorde ala frustración y desgaste a que es sometido por el infortunio de su fe. Su vozes delirante, su discurso contradictorio acorde a su consciencia. Habla deencontrar la luz pérdida, pero al mismo tiempo confiesa no saber qué hacer conella.  Los versos del capítulo VIIIadquieren un tono agónico:

“ (…)
Déjame!Sólo busco una ventana;
persigoun albor que no sé dónde,
en quémomento la noche se tragó.
Nosoporto ya el peso de esta libertad;
pidotregua.”
  
En elcapítulo XII,  continúa aturdido, presode la duda y el deseo.  Se produce unretorno a la plegaria para calmar el arrebato. La locura se acentúa y elparaíso es observado a través de la mujer ángel –ángel mujer bella  premio del elegido.  El encuentro con la muerte, el regreso alprincipio del enigma y su constante renovación a través de cada ser loobservamos  el  capítulo XVI.

En elcapítulo  XVII, todo ser espiritualdesaparece. Todo vuelve a ser corpóreo; se llena de colores y armonía. Lossentidos toman consciencia del entorno, el amor es terrenal. En el capítuloXVIII, el acceso a la libertad.

“ Él besa los pies que sostienen al mundo:
los frágiles, eternos dedos del amor.
Se une al tallo, entrega
su linfa, libre. Nutre
de toda su existencia
a su blanca rosa.”

En la segundaparte de la obra “LAS CAMPANAS DE LA MEMORIA” de igual manera continua el ciclo de vida y muerte;  inicia con el epígrafe  de Omar Khayyam:
“ En sueños, otra voz, que me repite,advierto:
«La flor abrirá al beso de la nueva mañana»;
mas un rumor que pasa, me dice, ya despierto:
«La florque ayer abrió, dio su aroma y ha muerto».”

El énfasises puesto en la muerte; nos  muestra lavulnerabilidad del individuo a los males y lo efímero de la existencia. Eltiempo es usado como símbolo consustancial del individuo,  para reprimirlo o liberarlo, como vemos en elcapítulo VIII.  A diferencia con laprimera parte de la obra, la personaje no se salva es condenada a muerte comose observa en el capítulo XII. El génesis de sus contradicciones; es el dolorprovocado por un ser terrenal.

Latransformación del personaje se produce en sus primeros años de su vida. Loshechos que rodean la historia de Soraya, son intemporales; dado que se repiteny renuevan producto del entorno, inexistencia de una política social,vulnerabilidad de la justicia, las leyes del mercado.

Las contradiccionesde este personaje y sus trances no provienen de la fe, del mito o de sus creencias.Los enigmas del génesis,  la presencia oausencia de los ángeles, no tienen cabida en su transformación  y pérdidas. Los demonios, los fantasmas, losmonstros son terrenales. No se trata de huríes danzando en el paraíso; danza deuna mujer cuya fe en el poder de cambiar el destino, le fue arrebata en lainfancia, como vemos en el capítulo II. Su danza no es para los dioses. Sudanza no es consecuencia de un premio; sino de la desgracia. Los ritos tienenun origen distinto y sus consecuencias igualmente.

Elexorcismo no se produce respecto a los demonios, sino respecto a la existenciadel presente, como se ve en el capítulo V. El yo poético alterna, conpersonajes reales a diferencia de la primera parte de la obra.  Con Soraya asistimos a un mundo donde no cabenlas plegarias; solo como antesala de la muerte. La degradación del personaje,va en ascenso  hasta su destruccióntotal. El ser es reducido a un cuerpo, que se duele, se comercia, agrede, sepierde.

Lanarración no transcurre de forma lineal; es intervenida por episodios de lamemoria que alternan con diálogos pertenecientes al pasado y al presente. LaMemoria  funciona como símbolo de la construccióndel individuo en el transcurso de su a existencia. Memoria que define,  individualiza y determina la pauta de supresente.  Todo el tiempo de la narraciónestá lleno; porque vive en la memoria como observamos en los capítulos II, III,VI.  Los espacios de silenciocorresponden a la complicidad y el ascenso aludido en los capítulos  IV, IX. La incorporación del dialogo en la estructura,permite acceder a la voz de  la personajeprincipal y su interlocutor  en elpresente  así lo observamos en elcapítulo VI y VII o bien con su realidad pasada, donde el agresor es dotado devoz  en el capítulo IV.

Puntualizandoen ciertos detalles observamos que en el I capítulo, evocativo del espacio  indefinido y definido aún tiempo.

“En unaesquina de la noche
una niñaabraza sus piernas,
sebalancea en trance y llora.”

Ladicotomía, paraíso e infierno  de laprimera parte de la obra se transforma. Ambos son espacios terrenales y el entorno está poblado de otracategoría de ángeles  y demonios que  inducen el destino, como observamos en el IIcapítulo.

“La casaes su tumba;
elmurmullo de la gente, su muerte.
Se miraal espejo y oscila el vientre;
ensaya ladanza de la diosa madre.”
  …………………..
“Sorayadanza en la tarima
parafugarse de sí
yarrancar los clavos empotrados
en lacarne de su memoria.”

El ángel,tiene rostro, habita, sufre el dolor de la carne, el dolor del alma, comoobservamos en el capítulo X y  en elcapítulo IV donde se leen los siguientes versos.

“El salvaje clava su lengua de espuma
y tabaco en la garganta del ángel,
impide su llanto el aullido
del terror. Un brusco salto,
un tétrico gruñido:
costra que tapa muerte en vida,
llagasangrante.”

Elgénesis es revelado en boca del personaje, que mediante el dialogo con el ciegose apresura al encuentro con su destino expresado en los versos siguientes delcapítulo VII:
“ (…)
—Soy flor marchitada por el vicio
impuesto por el hado, maldición
que cargo y cada día cumplo
con la puntualidad del diablo;
aborrezco al hombre, a las curvas
queacompañan mi carne.(…)”

Losbreves espacios de luz,  vividos por  Soraya, no consiguen  anular completamente la presencia  inevitable del pasado; lo cual vemos en elcapítulo XI  cuyos versos revelan su nostalgia  como esencia del personaje:

“Soraya abre los ojos
y le sonríe al viento.
Una luz perfumada
de flores de campo
llena el espacio
que elpolvo dejó.”

Elvientre  aparece nuevamente abriéndosepara recibir a Soraya,  suenan lascampanas  pero de la Iglesia; queatestigua su muerte, como observamos en el capítulo XIII:

“En una iglesia de oriente
lascampanas golpean el vientre del cielo.”

En latercera y última parte de la obra, “RIO ESCONDIDO” de igual manera el epígrafede Omar Khayyam, marca el inicio del discurso:

 “Si al menos de la Fuente del Desiertosurgiese
un vagovislumbre que el rumbo revelase!
Elcaminante exánime al frescor reviviese
cual lahierba del campo que el rocío reverdece”.

Observamosque algunos símbolos se repiten dotándolos de nuevos significados, como el génesisen el capítulo VII, VIII y IX. La Danza, en el capítulo V  el río en los capítulos VIII, IX, X, XI, XII.  Vemos dos verdades contrapuestas, infancia ymadurez. Los enigmas son terrenales. Los sueños,  las imagines, los juegos, pertenecen al mundo de la infancia, los recuerdos a la edadmadura como sucede con Soraya. El personaje Basim, es presentado como un serlleno de ilusiones; el tiempo y las circunstancias se encargan de transformarlo,pero no se aprecia una degradación, como el caso de los personajes anteriores,Khalil y Soraya.  

Basim iniciael recorrido en la infancia sin tormentos;  con la presencia de la madre, la ausencia delpadre. La realidad alterna con la fantasía de la niñez, como observamos en elcapítulo I, V.  La imagen protectora dela madre en el capítulo II,  contrastacon la imagen del padre abusivo en la segunda parte de la obra. La transformación  de los personajes se produce de formapaulatina; la separación es un factor determinante. Cada uno elige su destino; pesea presentarse como algo incierto y probable el naufragio. Basim es liberado ysu madre encarcelada como observamos en el capítulo XIV.

Ladimensión espacial, la concepción de cielo y tierra, ya no es un malestar,  unaidea fija como en la primera parte de la obra; sino la consecuencia del juego comoobservamos en el capítulo I y en el V teniendo como paralelo el mundo deCortázar. O bien una decisión espiritual como observamos en el capítulo XIV. Viday muerte vuelven a tejerse. Los enigmas se trasladan a la madre. La  muerte se traslada a los recuerdos. Eldesierto personificado danza como apreciamos en el capítulo V y se erige en obstáculopara avanzar y ver  lo cual vemos en elcapítulo IV. El yo poético se expresa a través de los recuerdos principalmente.

Adentrándonosen ciertos detalles observamos que en el capítulo II, la  actitud  infantil que ignora el peligro y elprotagonismo protector de la madre:

(…)
“El niño vela el sueño de la hermana
réptil. Relámpago es la mano que aferra
y tira el brazo de Bâsim. La fuerzaanimal
de la madre levanta al niño en vuelo.
Cae el muro fósil, despierta el sueño
réptil. Cae el niño lejos.
La lagartija no huye, se atrinchera.
El bicho alígero cruza el frente
y se borra entre las dunas.
Desde la arena Bâsim se pregunta porqué.
Un gestoinexplicable. Una madre en apnea.”

En elcapítulo III, el amor y la existencia es personificada con Basim. En elcapitulo V, la danza muda de significado para simbolizar el estado de ánimo provocado por  la carencia, el ansia en los siguientesversos:   

“Todavíacree en el amor,
en elarrebato del corazón
queflorecido se llama Bâsim.”

En el capítuloVII el Origen, el génesis y los sueños de la infancia se muestran ilimitados,sin nexo con la moral o el peligro:

“Bâsimsabe que su origen está
en losmares del sur. Sueña
con serpirata, ataca el buque
tronco,trunco, palma caída,
armado dehonda asalta
el galeónenemigo, busca
el tesorooculto.”

En elcapítulo X, se prepara la partida, tiene cabida el llanto, el camino se abrepara ir en busca del destino:

“El niño se aleja de la cabila.
Camina las dunas y llora.
Busca consuelo en el desierto.
En la distancia una madre pronuncia sunombre.
Él escupe amor y odio, la despiadada
indiferencia que el deseo engendra.
En la distancia una madre grita ¡Bâsim!.
La terquedad
se traga el eco de su voz.
Entrañas que engendraron mipequeño llanto,
hoy son
río irredento del deseo.
Las olas del vacío se tragan
las huellas de su llanto.”

El encuentrocon uno, la revelación de los enigmas de Basim, que elige su camino loobservamos en el capítulo XIII, donde  termina la búsqueda:

“Si el río que sale del templo
da vida a sus áridos márgenes,
purifica las aguas del mar;
la Fuente de esa fuente
fecundará nuestros áridos márgenes,
sanaránuestros viciadísimos ánimos.”

Finalmentela tela  que tejió la madre y guardó enel baúl, para enterrar los recuerdos es destejida por Basim en el capítulo XIV, manteniendo vivo el amor y liberandoa la madre de sus ataduras.

Acceder ala vida de estos personajes, es adentrarse en el mundo de las contradiccionesque dotan la existencia de significado y nos permite acceder a nuestras propiascontradicciones y dudas.


MarciaOndina Mantilla Bermúdez
León-Nicaragua
Agosto2013.


Marcia Ondina Mantilla en la presentación de "Los naufragios del desierto" - UCC León, VIII 2013

martes, 13 de agosto de 2013

Concurso de Fotografía del Norte de Nicaragua. José Luis Pereira. 1er lugar en la categoría: "Ecoturimso del Norte de Nicaragua".

Ganadores del Concurso en las distintas categorías.

Las tierras (des)conocidas: metáforas de ausencia en La Jauría de Rafael Mitre. Por León Salvatierra.



Las tierras (des)conocidas: metáforas de ausencia en La Jauría de Rafael Mitre.

Por: León Salvatierra

Uno de los epígrafes que se encuentra al principio del poemario de Rafael Mitre, La Jauría (2012), es de Vincente Huidobro: “¿Cómo podré dormir mientras haya adentro/ tierras desconocidas?”. Al inicio pensé que esa metáfora me anunciaba un yo poético ansioso por encontrarse a sí mismo, pero después me di cuenta que se trataba de otro fenómeno. Lo que anunciaba el epígrafe no ere la “reconciliación”/reencuentro con un “yo” perdido (niñez, amor, unidad, certidumbre, etc.), sino más bien el conflicto de dicho reencuentro. Descubrir las tierras (des)conocidas es (re)conocer los pedazos de sí mismo. Esos pedazos son la jauría que cada uno de nosotros trae por dentro, un grupo de instintos animales que nos acechan, a los que constantemente estamos tratando de evadir, porque desatarlos o enfrentarlos implicaría desatar nuestros deseos, miedos, memorias, imaginaciones e instintos más bajos. En el instante que la metáfora conlleva a dichos conflictos, invierte su función estética para empujarnos a nuestra dimensión política. Entramos al poemario por la puerta de la estética y salimos de choque con la moral de la sociedad—por la puerta del patio— para replantearnos nuestra propia fe, ideologías, instituciones, relaciones sociales, etcétera. Dicho de otra manera, chocamos con nuestra dimensión política, incitada por la metáfora de La Jauría.

En efecto, esta obra nos presenta la posibilidad de descubrir en nosotros rasgos muy humanos, que el discurso social, cultural y religioso, denomina, con frecuencia, como deformaciones y defectos morales; por ello, la sociedad nos ha enseñado, implícita y explícitamente, a cubrirlos o reprimirlos en el inconciente.  Revelarnos ante esta situación supone un descreer, una carencia de fe que de inmediato percibimos en el primer poema, que, a propósito se titula “Jauría Impía”: “Soy el perro de mi sueño/ que crece en la calle/ mientras ando, / el perro ancestral que esperó/ naciera para morderme/ el perro pintado con crayolas/ que sirve de custodia a mi interior/ el alias que me saluda/ con un ladrido”. Estos nueve versos condesan la jauría del yo poético; lo que continúa es un ahondar en esos temores humanos, es enfrentar con honestidad esas “deformaciones”. En versos posteriores escribe Mitre “¿Cuánto tiempo pasé evadiéndome?”. Enfrentarse a la jauría personal es experimentar la  soledad, la ausencia; es el perro que muerde su cola en un vano intento por despulgarse; es ver un yo que se reconoce a sí mismo fragmentado y herido—de ahí que la focalización del poemario sea el mundo interior del yo—. Estamos ante un poeta lírico por excelencia, que se ve a sí mismo en lo que no está, lo que está pero sólo en su huella; por eso mismo, la metáfora constituye el recurso poético dominante en la poesía de Mitre; su función es establecer nexos entre lo que está y lo que no está, opuesta a la metonimia, que es el recurso de la presencia, en el cual el significado se construye a partir de elementos que se relacionan por su proximidad. Desde este enfoque, yo veo la poesía de Mitre distante al concretísimo de Ernesto Cardenal, un poeta que aun cuando nos habla de Dios, da la impresión que nos está hablando de alguien tan próximo como el vecino de al lado, lo cual es admirable; por esta razón, siento en la poesía de Cardenal al poeta de la presencia.

La poesía de Mitre es un sentir de tiempos posmodernos. En un tiempo desprovisto de grandes visiones proféticas y utópicas, un tiempo donde los mismos discursos en torno a la justicia social llevan el sabor del capital, y la tecnología no trajo el progreso que potencialmente prometía. Hoy—como dice Slavoj Zizek— estamos más prontos a creer en la destrucción total de la tierra o en la posibilidad de habitar otra galaxia que creer en un mundo más justo para todos, o en un cambio radical del capitalismo y del Estado. Entonces, qué más se le puede pedir a un poeta, sino que cante de lo que no hay, de un yo que ve su misma imagen sola multiplicarse en un prisma: “Me he separado/ como prisma a la luz// Hay un yo que tiembla, / e inclusive, un yo, de ese yo, / que sigue temblando”. Ese “yo que tiembla” es el que ha desatado su jauría, es el yo que por el afán de romper las riendas se ha enfrentado a sus temores, y se asusta porque se ve mutilado, sus dolores multiplicándose, así como se multiplican las imágenes con cámaras digitales, celulares y pantallas.

He dicho que Mitre es el poeta de la ausencia y lo distante, como él mismo lo confiesa en sus versos: “amo mi tambor que toca/ ausencia”, y luego: “escribo una antología/ bajo el criterio de lo distante”. También he dicho que, en gran medida, el recurso primordial de su poesía es la metáfora, para lograr establecer nexos con elementos distantes. Para ilustrar esto, he creado una lista de distintas metáforas de su libro, pero antes quiero aclarar que yo entiendo el símil como un caso especial de metáfora, porque esencialmente tienen el mismo funcionamiento de establecer nexos con elementos distantes o ausentes. Aquí unos ejemplos:
“Soy el perro de mi sueño”, “el niño que comprime en su boca, / como una uva el corazón”, “la colmena de pasillos en el aire”, “Al abrir mis ojos la muerte/ abandona mis sueños/ y vuela posándose en todo”, “Por donde quiera veo cabezas/ que se hunden en la tierra/ como barcos en el mar”, “yo/ —el que ha tirado el anzuelo/ para que pique la noche—/ estornudo la sombra, / que luego de ser tamizada/ es roja como un atardecer”, “mi silencio es la noche/ devorada por un suicida”, “De los autobuses cojo senos/ como frutos que caen de un árbol” “Su sede es un pájaro oscuro que no se encuentra”, “He bebido más oscuridad que la noche”, “cada contracción tuya es / como empujar una barca”, “postales…/ como el gas de un refrigerador/ filtrado en el pecho”, “los ángeles/ son elaboraciones pacientes”, “la muerte es mi canción de cuna”.

 
Entre las muchas metáforas que me llamaron la atención en La Jauría, me gustaría detenerme de forma breve en una metáfora clásica, que es clave para reforzar la idea de la ausencia. Si hay una metáfora perfecta de la ausencia, esa es la que se refiere a la muerte. En mi selección de arriba aparece en dos ocasiones: “Al abrir mis ojos la muerte/ abandona mis sueños/ y vuela posándose en todo”. Cuando el sueño es metáfora de la muerte, siempre da la sensación de ese estado ligero, como el de una mariposa (este ejemplo lo tomé de Borges) que nos evoca el estado de estar soñando, pero también es frágil. Así se percibe en el verso de Mitre la muerte, como un ente ligero que vuela e invade todo; como una especie de presencia inexorable pero que, a su vez, implica un estado de ausencia. En el segundo ejemplo: “la muerte es mi canción de cuna”. La fragilidad o la ligereza del sueño, en este caso se transmite por medio de la canción de cuna, pues alude a un bebé que va a dormir. De modo que explorar la muerte en La Jauría, es descubrir su delicadeza, es experimentar un temblor, un movimiento leve.

Por otro lado, la muerte en el yo poético de Mitre resulta a veces como algo seductor: una idea de la muerte a la que se siente atraído y que implica ir en busca de la ausencia. De ahí que tengan sentido los poemas suicidas. En “Suicida III”, por ejemplo, la voz poética confiesa “Estoy enamorado del corsé de la demencia”. Esta metáfora oficia como la ausencia de la razón y, a su vez, representa un tipo de muerte; es un impulso por desconectarse, pero no olvidemos que la imagen del corsé es femenina, como  naturalmente lo es la figura de la muerte.

Ahora bien, la relación entre el sueño y la sombra—que en Mitre es lo mismo que decir muerte porque la sombra es un tipo de ausencia—genera líneas por donde camina el yo poético y se desdobla. El yo se prolifera pero en fragmentos, carece de un sentido de totalidad, precisamente porque desatar la jauría interior, no sólo es retomar al otro que soy, sino al otro que ya fui, al muerto, al niño que ya no existe, y del que sólo quedan huellas como sombras en la memoria. De cierto modo, la niñez es una especie de fantasma que nos acecha toda la vida porque nos obsesiona la idea de haber conocido un momento de certidumbre y de totalidad. Así proliferan las metáforas y los símiles en un intento por atar cabos lejanos. Pero las imágenes de la naturaleza que denotan estados efímeros reafirman la imposibilidad de reintegración: Nube, lluvia, río—figuras que evocan lo transitorio del tiempo—. Por consiguiente, el recuerdo en La Jauría es clave: “Todo en mí/ es tan grande y efímero/que no sé si vuelvo para nombrarlo/ o si vuelvo cuando la vida/ de un recuerdo/—que bien podría ser la vida/ de un hijo de recuerdos/ se deshace en mis manos”. En este ejemplo, Mitre lleva el recuerdo a otro nivel; lo digo porque usualmente no se piensan los recuerdos como hijos de otros recuerdos, pero en realidad no hay nada  más real que eso, ni siquiera puedo decir que esa es una metáfora, porque siempre un recuerdo engendra otro recuerdo. En este sentido, los recuerdos son metonímicos porque un recuerdo deriva o conlleva a otro recuerdo y así sucesivamente, y aquí evoco una vez más a Borges, quien decía que es terrible que el recuerdo lo incluya todo, especialmente cuando es bochornoso el recuerdo. Sin embargo, aunque el recuerdo lo incluye todo, vivimos ante la imposibilidad de recuperar dicha totalidad.

En el texto de Mitre, la memoria se pone a prueba y encuentra sus límites. La fragmentación de sí mismo, la sensación del prisma imposibilita cualquier imagen completa del recuerdo: el yo poético dice “Yo, / multitudes de almas perdidas/ soy el profeta de mi sombra”. En su sentido más puro, la sombra es algo intangible, se puede ver pero no se puede tocar, es decir, se puede tocar pero carece de su propia superficie. Ser profeta de su propia sombra es de cierto modo profetizar la ausencia, es ver el futuro de la nada. No se puede entrar a la nada como algo, uno sólo puede acceder a la sombra (metáfora de muerte) si ya se es sombra, y conceptualmente no se puede pensar la nada dentro de la nada. En otras palabras, a la vida se le prohíbe entrar al más allá; ese es el secreto, y por esta razón existe la poesía. Sólo por medio del discurso literario se puede acceder a la sombra—Pedro Páramo es un buen ejemplo—, aunque sea imposible vivir en ella. Darío dijo en algún momento que mientras existiera el problema de la vida y la muerte, habría poesía.

En la obra de Mitre he hablado de la muerte por medio del pasado (el recuerdo). También he hablado de la muerte apuntando al futuro, a través de la figura del profeta. He tocado poco el tema del suicidio, y aunque no voy a desarrollarlo aquí por motivos de espacio, me parece que se pueden pensar los poemas suicidas de Mitre como un modo de concebir la idea de la muerte en el presente, es decir, el estar contemplando el suicidio en un momento dado es una de las maneras de estar cerca de la muerte mientras se tiene el reloj en la mano.

Voy a concluir con un comentario sobre uno de los poemas que más me llamó la atención en la obra de Mitre. Se titula “Varsovia 1941”. Es un poema en dos voces, la voz de un anciano y la de una mujer. El poema es sobre la invasión Nazi y el sufrimiento de los judíos en los Guettos. Este texto me hizo recordar el poema de un gran poeta nuestro, Jorge Eduardo Arguello—el poeta Zen—, quien por igual tiene un poema hermoso titulado  “Varsovia” que también aborda el sufrimiento de los judíos en la Varsovia de los cuarentas. En el poema de Jorge Eduardo, si no me equivoco, hay un niño que levanta los brazos, y esta imagen se repite en todo el texto. A mí no me sorprende que dos poetas nicaragüenses escriban sobre este tema, no, en nuestra tradición ha sido muy común enfocar nuestras miradas en otras tierras. Sin embargo, en el caso de Mitre me llamó mucho la atención porque “Varsovia 1941” es el único poema en toda la obra que tiene un referente histórico. Es decir, el recuerdo que articula Mitre, siempre se remite al recuerdo personal, es casi un recuerdo inmemorial o palimpséstico, pero “Varsovia 1941” es un recuerdo concreto—el espacio y tiempo colapsan en los referentes históricos—, y las imágenes, aunque poéticas, carecen de metáforas. Lo primero que me pregunté fue: ¿qué hace un poeta joven nicaragüense, escribiendo sobre la Varsovia de los cuarentas, cuando nuestra Varsovia en la historia de Nicaragua está más cerca y más punzante? Pero reflexioné: es la necesidad de atar cabos distantes, de desplazar nuestro dolor, nuestros pedazos de historia e identificarlos en otras tierras. Podemos pensar que esas tierras son semejantes a las tierras (des)conocidas que llevamos por dentro en nuestro inconciente colectivo, y que nos llegan resonando como una jauría.