Por JORGE EDUARDO ARGÜELLO
Toda poesía debe ser acusatoria.
Una poesía que no es acusatoria no es una verdadera poesía porque
entra en el artificio de las palabras y estas se pierden en el espacio y tiempo
del no significado.
Decir a manera de ejemplo: “El sol ríe de amor” Es una
expresión poética pero sin resultado. No existe ningún sol que ríe de amor,
solamente en nuestra asociación de palabras eliminamos otras escenas reales que
sean anti imaginarias; porque nos parece que debe de ser así, debido a que la
mente se escapa en imaginísmos sin tener que ver con el
objeto-directo-referido. Es muy fácil escribir elucubraciones mentales con tal
de satisfacernos y crear esa ilusión en los demás en mundos de ensueños que no
existen solo en la mente.
La poesía está plagada de este concepto de querer escribir en
figuras de la retórica y ha habido momentos en que toda la poesía ha sido una
azote de disparates sin sentidos. La poesía tampoco puede ser interior sino
exteriorista. Esto crea confusión todo es interior sale de nuestro recóndito
pensamiento no sale de los dedos en un papel dibujando la idea.
La poesía debe describir lo auténtico pero también debe dar una
solución al lector de cierta sabiduría o atención en algo que el hombre normal
y corriente no es capaz de ver. “Árbol que es apenas sensitivo” es otra
imposibilidad; ningún árbol habla ni llora ni es sensitivo.
Vivimos en sufrimiento desde el comienzo que hemos nacido. El
hombre sobre la tierra ha buscado soluciones para que la pasemos bien y esto ha
sido imposible; siempre hay alguien abusando de nuestra libertad de pensar como
nos dé la gana y de escoger nuestro destino. Guerras tras guerras han sido la
catástrofe en la tierra y lo seguimos haciendo; ideologías religiosas o
posturas sociales y políticas donde alguien piensa que debería el mundo ser de
tal manera.
Como la poesía es un arte que llevamos adentro además del habla
común, como la música que está en nosotros y la pintura para copiar objetos y
guardarlos, la creación de poemas es una ley intrínseca en nuestro ser.
El problema se da cuando esa comunicación no tiene sentido y nos
engaña. Entonces se crea la ilusión de un mundo inexistente que parece ser
bello pero que es una trampa para todos. Y también cuando dejamos pasar cosas
inadvertidas.
La realidad es cruel y más cuando está violentada por alguna
filosofía política y por interés de alguien para perpetuarse en el poder. La
poesía entonces reacciona y no admite esa violación porque quiebra el
equilibrio de la palabra y sin ella no existimos solamente somos ‘hablantes’,
la poesía se convierte en un arma para liberarnos y entregarnos la verdad de
como ver esa cosas que molestan y nos arruinan impidiéndonos crear un
pensamiento libre resumido.
Cuando no hay libertad la poesía y su creador pasan de inmediato
al plano acusatorio que es lo único que le queda al poeta y la única verdad que
debe aceptar. Una vez aceptado esto, que el poeta debe acusar, entonces la
poesia se vuelve acusatoria y se salva. Aun más, cualquier poesía
que no esté en ese cause es una poesía superficial y no sirve para nada mas que
lubricar la mente con mundos artificiales.
El poeta que no acusa no es poeta, es un iluso que se engaña a él
y los demás. El poeta acusador es un subversivo de las palabras y por eso lo
apartan porque rompe ese mundo de paraísos artificiales. El poeta acusador no
es aceptado y se le ve con desconfianza creyendo el otro el metafórico que está
en lo cierto y que su poesía ilusionista, personalista o como se le llame es la
mejor. Un poeta que deja pasar las cosas injustas y no dice NADA no es poeta es
un hipócrita y un falso poeta porque en el fondo sabe que está haciendo mal.
El poeta acusatorio
que tiene su vida en peligro debido a la supuesta censura y persecución debe de
pasar en un plano subterráneo y esconder sus cosas en una especie de diario
donde está cumpliendo con su deber, además debe CALLAR y no participar con el
resto que siguen el juego a la falta de libertad creativa en el escapismo de ellos.
De esa manera no hay culpabilidad ni remordimiento su poesía prevalecerá
siempre por ser honesta y autentica y libre.
***
JORGE EDUARDO ARGÜELLO.
Nació en León
de Nicaragua. Estudio primaria en La Salle y Escuelas Pias. Secundaria en una
academia military en Virginia (Fork Union). Se doctoró en Derecho en la U de
Barcelona, España. Luego hizo el Master en Literatura Hispano Americana en la
U. de California, Los Angeles (UCLA).
Comenzó a
escribir desde temprana edad poemas románticos y más tarde poemas para alabar a
Dios. Paso mucho tiempo en Europa pero la mayor parte de su vida en los Estados
Unidos. Su poesía dio un cambio bajo la influencia de los beats y desde
entonces ha sido muy variada su temática llegando incluso a escribir poesía de
ciencia ficción. Mas tarde se convirtió en novelista y luego en escritor
de teatro. Lleva en poesía 11 libros, en Novelas 6 y en teatro 5. Es
miembro correspondiente de la Academia de la Lengua en Nicaragua y ha
participado en el Festival de Poesía en la ciudad de Granada en varias ediciones.
Lo mismo en Miami donde participo en el festival internacional del libro. Ha
formado parte del grupo poético generación
de los sesenta. Hoy día vive entre la Florida y Nicaragua. Practica el Zen
por más de 30 años. Es escultor de hierro y algunas veces pinta acuarelas.
Crédito: Fotografía por Jaime Buitrago Gil.


No hay comentarios:
Publicar un comentario